martes, 4 de diciembre de 2012

Nuestra chimenea interior

Antes de decir nada, debo de advertir que son las 2:13 de la madrugada, por lo tanto, mi estado mental no debe estar muy fresco, por lo que cualquiera paranoia que escriba, espero que esté justificada por la hora en la que me encuentro en estos momentos.

Lo mismo me repito entrada tras entrada, pero no sé que escribir, pero quiero escribir. Yo soy rara, ya me lo recuerdan casi diariamente y si nadie lo hace un día, me encargo de decírmelo yo misma. Creo que debe de ser eso, que me lo han dicho tantas veces que ya hasta me lo creo, a lo mejor no soy rara, soy simplemente especial.

No tengo ganas de hablar de mí, eso lo dejaremos para vete a saber cuando, quiero hablar de relojes, de chimenea, de falsos amores, de amistad, de familia, de cosas raras, de cosas normales, de todo un poco y al final no hablo de nada.

¿De qué puedo hablar hoy que no sea tan repetitiva a las entradas anteriores? Pues voy a hablar de mi chimenea. Sí, de mi chimenea, parece una chorrada pero no lo es, como siempre, traspaso toda la realidad a mi mundo de paranoias.

Como decía, hablaré de mi chimenea. La he estado observando todos esos días, tronco tras tronco, llamas tras llamas, cenizas tras cenizas. Bien, ¿qué tiene eso de interesante? Muchos diréis que salvo dar calor que es su funcionalidad, nada más.

Sí, dar calor es su función principal, pero a mí me ha hecho pensar que todos tenemos una chimenea en nuestro interior, y creo que empezáis a saber por donde van los tiros.

Bien, como decía la he ido observando todos esos días detalles tras detalles y me he dado cuenta de varias cosas:

  • Si la leña arde y le añades más, el fuego será más fuerte, potente e imparable.
  • Si el fuego se está apagando, un simple tronco volverá a hacer un fuego acogedor.
  • Si está medio apagado pero conserva algunas chispas, se puede hacer de nuevo el fuego con un poco de paciencia.
  • Si solo quedan cenizas, sin una simple chispa, no hay nada que hacer. Suele pasar cuando llegamos tardes o simplemente la dejamos apagar.


Entones observando todo eso, entendí el gran refranero español, ese que dice "Donde hubo fuego, cenizas quedan...", lo que no nos dice el refranero, es lo que pasa según el estado de dichas cenizas.

Basandonos en lo que dije anteriormente, en mi observaciones, he sacado las siguientes conclusiones, aunque seguramente que no sea la única persona que haya dado con esas ideas tan claras:
  • Si la leña arde y le añades más, el fuego será más fuerte, potente e imparable. A esto mi traducción principal lo llevo al principio de un amor, siempre se empieza con pura pasión, el fuego no se apaga, al contrario, siempre está encendido, la llama resplandece más que nunca, brilla por sí sola, ni siquiera hace falta revivirla, revive por sí misma. Aunque no todo es amor siempre, puede ser cuando empezamos algo con todas nuestra ilusión, un nuevo trabajo, un nuevo proyecto, una nueva carrera.... pueden ser tantas cosas...
  • Si el fuego se está apagando, un simple tronco volverá a hacer un fuego acogedor. Aquí es cuando la pasión se apaga un poco y solo viene por momentos, pero suele hacerse tan grande como al principio. En el resto de los casos, sigue la ilusión del principio, pero en ocasiones recaemos, pero seguimos siendo fuertes antes nuestra meta, queremos conseguirlo y seguiremos luchando, por ello, no dejaremos apagar nuestra chimenea interior.
  • Si está medio apagado pero conserva algunas chispas, se puede hacer de nuevo el fuego con un poco de paciencia. La rutina se apodera de nuestras vidas, queramos o no, todos hemos sufrido alguna vez de la rutina en cualquier aspecto de nuestras vidas. En el amor, la rutina hace que apagemos las chispas poco a poco, nos planeamos que sentimos, que queremos y si nuestro futuro será siempre así, en el trabajo nos encontramos desmotivados, los proyectos empiezan a irnos mal... pero las personas somos humanas, solo necesitamos un empujón, un pasito hacia delante y entonces nos volvemos a ilusionar, un simple viaje hace que poco a poco la pareja se de cuenta que se quieren como al principio y no se quieren perder, una simple motivación hace que nos hagan feliz en nuestro trabajo, una mejora en nuestros proyectos, en nuestras vidas...
  • Si solo quedan cenizas, sin una simple chispa, no hay nada que hacer. Suele pasar cuando llegamos tardes o simplemente la dejamos apagar. Y en ocasiones nos dejamos ir, o nos dejan ir. Hacemos tonterías, fallamos y cuando llegamos a pedir perdón es demasiado tarde, no hay chispas que podamos hacer revivir todo. Una simple dejadez o un mal trabajo hacen que nos despidan... habría tantas cosas de las que hablar...
He estado pensando como tengo mi chimenea persona, mi chimenea interior. En ocasiones creo que la tengo apagada de manera general, es decir, sin motivaciones, sin esperanzas de nada, sin futuro, un futuro tan incierto, tan negro...

En otras ocasiones creo que está simplemente a punto de apagarse, que solo necesita un empujón para que está chispa salte y el fuego poco a poco vuelva a presumir en todo su esplendor. 

He estado pensando y me pregunto si realmente hay alguien que lo tenga completamente apagada, yo creo que todo el mundo, incluso la persona más negativa de todo el universo, tiene una chispa de esperanza para su futuro, solo necesita un empujón, ese tronco que le haga encender todo de nuevo, pero que en ocasiones pensamos que va a llegar demasiado tarde.

Lo que sí está claro, que no para todo hay este tronco que haga revivir este fuego en todo su esplendor, que para muchas cosas, en ocasiones, llegamos tardes y normalmente esas cosas vienen de la mano de cosas que han dolido, que se han sufrido y que es mejor dejarlo apagado.

Piensa como está tu chimenea, quizás necesite un tronquito más.



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